Barcelona Cultura

El byeri de Núñez de Prado

Byeri

Miguel Núñez de Prado era un general español que entre 1926 y 1931 ocupó el cargo de gobernador en la colonia española de Guinea Ecuatorial. Durante su estancia adquirió diferentes objetos realizados por los nativos, que servían para decorar su residencia. Se encontraban objetos tan extravagantes como lámparas y botellas forradas con pieles de animales salvajes o un pisapapeles hecho con el colmillo de un cachalote.

El general era republicano, y durante la dictadura de Primo de Rivera conspiraba para derrocar el régimen monárquico. En el año 1931 fue promocionado y en 1936 era director general de aeronáutica cuando se produjo el golpe de estado. Al estallar la guerra se le encomendó la misión de convencer al mando militar de Zaragoza para que se mantuviera leal al gobierno republicano y no se sumara al bando fascista. Fracasó en este intento y fue arrestado y ejecutado en Pamplona durante la primera semana del conflicto.

Su mujer, que se encontraba en Barcelona, ​​vendió la colección de objetos de Núñez de Prado en el Ayuntamiento de Barcelona, ​​y fueron incorporados a la Sección de Etnografía del Museo de Arqueología, bajo el nombre de colección de Arte Negro, armas y vasijas de los indígenas de Fernando Poo. Esta fue una de las colecciones que constituyeron los fondos del Museo Etnológico de Barcelona, ​​1948.

Algunas de estos objetos nunca habían sido exhibidos, pues, más que piezas etnográficas, son curiosidades, prácticamente souvenirs, que servían para dar un toque exótico a la residencia de una autoridad colonial y poco tienen que ver con la cultura de los pueblos nativos. En la exposición Ikunde se ha reservado un espacio para mostrar algunas de estas rarezas, que ilustran el carácter de la aventura colonial española en África ecuatorial.

En cambio, toda una serie de objetos que formaban parte del sistema de creencias del pueblo Fang, especialmente las estatuas funerarias llamadas byeris, sí protagonizaron diferentes exposiciones, temporales y estables, desde los inicios de la institución.

Una de las peculiaridades de estos objetos es que no fueron recogidos con un criterio etnográfico, y a lo largo de su vida han sufrido diferentes modificaciones como, por ejemplo, ser pintados o barnizados para ser más oscuros. Otro caso, que también se puede ver en Ikunde, son un par de byeris que habían formado parte de una butaca del gobernador.

Pero en el Museu de Cultures del Món todavía podemos contemplar otro byeri que nos puede dar algunas pistas sobre su vida pasada. No se encuentra a la exposición temporal ni encontraremos ninguna indicación sobre qué función cumplía dentro de las posesiones del gobernador Núñez de Prado. Esta pieza, con la numeración MEB 71-5, se encuentra en la primera sala de la exposición permanente, dedicada a la cultura Fang, y nos puede llamar la atención por su aspecto más compacto y unas formas más redondeadas. Si nos acercamos, podremos observar que en medio de su cabeza hay un agujero que no está en ningún otro byeri y, si seguimos fijándonos en ellos hasta poder contemplar la espalda de la escultura, descubriremos una perforación en la base del cráneo, hecho con una perfección más propia de las herramientas de los colonizadores que de los nativos.

Byeri
Byeri, parte posterior (MEB 71-5)

¿A qué misteriosa utilidad responden estas modificaciones? Los conservadores coinciden en que esta figura, que originalmente había rendido culto a una antepasada, sirvió para iluminar las oscuras noches tropicales del gobernador y su familia. Dicho de manera más sencilla, este byeri fue reciclado como lámpara: el agujero de la cabeza alojaba el casquillo de la bombilla, y la perforación de la nuca servía para hacer pasar un cable eléctrico. Esta es la profana historia del objeto antes de estar en un museo y convertirse en tesoro.